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Nuevas maneras de ganarse la vida

Nuevas maneras de ganarse la vida, por Jack Ewing

Mientras países y regiones desarrollan, la manera en que la gente usa la tierra a veces cambia y muchos deben aprender nuevas maneras de ganarse la vida. Durante los últimos treinta años en el Pacífico sur de Costa Rica, el uso de la tierra y la economía se han transformado desde una base de agricultura y ganadería hasta una de turismo y desarrollo de bienes raices. Personas cuyas familias que durante generaciones, han talado el bosque, cultivado la tierra y criado ganado, por fuerza han tenido que enfrentar las nuevas conditiones. En la mayor parte de los casos esto ha obligado a las personas a aprender un oficio nuevo. Personas nacidas en ambientes rurales que crecieron asumiendo que llegarían a ser agricultores y/o ganaderos, o  pretendiendo  casarse con uno de ellos, hoy se encuentran trabajando como operadores de maquinarias, carpinteros y albañiles, dueños de taxis, saloneros, bartenders, recepcionistas y contabilistas. La mayor parte han aprendido la importancia de proteger la naturaleza tropical, porque es la atracción principal de la zona. Esta es la historia de una familia rural costarricense y la manera en que se han adaptado a las dificultades de un mundo sumergido en cambios acelerados.

Tres Generaciones de Seguras

Cuando Ramón Segura Barrantes vino a San Isidro de El General, tenía 17 años. El año era 1948 y vino con las tropas de José “Don Pepe” Figueres Ferrier para batallar contra las fuerzas del ex-presidente Dr. Rafael Calderón Guardia. Las tropas de Figueres salieron victoriosas en la corta pero sangrienta guerra civil de Costa Rica; después de este suceso, el joven Ramón decidió no volver a su tierra nativa, la región de Dota, sino vivir y trabajar cerca de Pacuarito, donde su abuelo había talado alrededor de 100 hectarias de selva para hacerse una finca. Luego el terreno quedó como la herencia de Ramón.

A finales de los 50, Ramón se casó con Lidia Picado Méndez de Bijaguales, un pueblo   cerca de Pacuarito. El 28 de Febrero de 1959 nació su primer hijo, Juan Ramón, en el hospital de San Isidro de El General. Luego la pareja tuvo cuatro hijos y dos hijas más.

Ramón fue uno de los primeros pioneros en colonizar el área alrededor de lo que hoy se llama Lagunas, cerca a Barú. En 1949 empezó a talar bosque para después sembrar maíz, frijoles, arroz y pasto. La finca de Lagunas tenía aproximadamente 100 hectareas, el máximo que una persona podia titular bajo el mismo regimen utilizado por su abuelo para adquirir el titulo de la finca en Pacuarito. Fue en estas dos fincas donde su primer hijo Juan Ramón vivió durante mucho tiempo de su juventud.

Las primeras memorias de Juan Ramón son principalmente de su vida en las dos tierras. Asistió a la escuela de Pacuarito durante seis años donde, bajo condiciones muy limitadas, mas o menos aprendió leer, escribir y hacer matematica básica. Hasta ahi llegó su educación formal. Al graduarse de la escuela fue a trabajar con su papá y su tio.

Ea finca de Pacuarito producían café y cria de ganado y en la de Lagunas tenía maíz, arroz, frijoles, ganado y bastante bosque. Cada año Juan Ramón ayudaba a su papá y a su tio a talar y quemar más selva, hasta que no quedó casi nada. La ley de colonización de tierras requiere que la tierra sea trabajada y desarrollada como condición previa para la titulación de la finca. Esto era considerado como progreso. La conservación de la naturaleza era un concepto totalmente ajeno a los pioneros de la epoca. El procedimiento que siguieron los Seguras era talar y quemar el bosque, sembrar dos o tres cosechas de algún cultivo y luego sembrar pasto. Según Juan Ramón, la parte que más le gustaba era la quema; le   gustaba en gran manera.

Su tio, Wilson Segura, quien vivia en la finca de Lagunas, le enseñó a Juan la cacería de tepesquintles, guatusas e iguanas, a la temprana edad de diez años. Sin embargo instó en su sobrino un profundo respeto por el resto de los animales. Nunca cazaron zainos, pizotes o aves de ninguna clase. Comieron todo lo que mataron y cuando la cacería era muy exitosa, salaban y aumaban la carne sobre el fogón donde cocinaban. De esa manera, se podia conservar durante varios meses.
Cuando tenía un poco mas de 20 años, Juan Ramón a menudo iba a Playa Barú, la playa al frente de lo que algún día llegaría a ser el Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú, en busca de huevos de tortuga. Fue durante una de esas expeditiones cuando conoció a Didilia Cascante Hernandez, cuya familia tenía una finca colindante a la hacienda. Didilia trabajaba en la casa de Jack y Diane Ewing, socios y gerentes de Hacienda Barú. Varios de sus hermanos trabajaban ahí también, pero en labores agrícolas. Se casarón en 1982 cuando Juan Ramón tenía 23 años y Didilia 21.

Los recién casados se fueron a vivir y laborar en la finca situada en Lagunas. Trabajando con las uñas para ganarse la vida cultivando maíz y frijoles además de criar ganado, lo  que no era muy fácil, pero los dos tenían la costumbre de trabajar duro y lograron ganar un estilo de vida razonable. Los primeros dos hijos, Shirley y Jason nacieron durante los siete años que vivieron ahí. Cuando Shirley alcanzó los seis años, Didilia y los niños se mudaron a Pacuarito a vivir con los suegros y así facilitar la entrada de Shirley a la escuela. No había ninguna escuela en Lagunas en ese tiempo. Pocos meses después de la mudanza nació otra hija, Mauren.

Juan Ramón se quedó en Lagunas donde continuaría trabajando la finca para sostener a su familía, además de visitarlos de vez en cuando. Este tipo de vida doble, lejos de su esposa e hijos, no le funcionaba muy bién. La preocupación de estar separado de su familia combinado con cocinar por si mismo y tomar demasiado guaro, lo llevó a tener problemas de salud. El hombre, esposo y padre, que una vez fue fuerte, saludable y muy trabajador, desarrolló una ulcera grave. En 1991 la familia entera se mudó a la finca de los papas de Didilia cerca de Hacienda Barú. La salud de Juan Ramón se había deteriorado a un punto tan delicado, que los doctores negaron realizarle una cirugía en la ulcera  y lo mandaron primero a descanzar y recuperse. Hasta avisaron a la familia que era posible que falleciera.
Cuando llegó a solicitarme trabajo, estaba debil y palido.  Estaba delgado y con los ojos hundidos. Su piel era el color de ceniza y tenía la aparecia general de una persona anémica. Recuerdo pensar que era mejor si se iba para la casa a descansar en vez de estar afuera buscando trabajo. Hablamos un rato y empecé a ver algo del hombre detrás de su pésima aparencia fisica. Lo había conocido casualmente cuando estaba cortejando a Didilia y después cuando venían a visitar los papás de ella, pero esta fue la primera vez que tuve la oportunidad a sentarme y conversar con él. Me gustó lo que ví.

Nos acordamos que Juan iba a empezar trabajando tres días por semana hasta las 11:00 AM en la capacidad de guarda bosque. El trabajo consistió en caminar por el bosque de Hacienda Barú y buscar señas de cazadores furtivos. Rapidamente recuperó algo de fuerza y poco a poco aumentamos sus horas. En ese tiempo el refugio estaba haciendo algunas caminatas ecológicas, pero ese concepto era totalmente extraño para Juan Ramón. No pudo imaginar que cualquier persona pagaría dinero en efectivo para caminar en la selva ¿Por que pagaría la gente para algo tan comun y corriente? Sin embargo, esa creencia estaba por cambiar en un corto plazo.

Durante las semanas que andaba solo por el bosque húmedo tropical, Juan Ramón cambió su papel de destructor de la selva a proctector de la misma. De esta manera, él tuvo la oportunidad de considerar de nuevo  muchas de sus viejas creencias ahora con un nuevo punto de vista. Vio una belleza y fuerza en las inter-relaciones de los ecosistemas que nunca habia visto antes. Inició una experiencia duradera con la selva que él describe como espiritual en su naturaleza. En vez de ver el bosque como algo para explotar y destruir, empezó a verlo como una fuente de vida, una fuerza que produce una multitud de organismos y promueve el bienestar ecológico. Su salud mejoró rapidamente, tanto que la ciurugía que antes no se podia hacer debido a su debilidad, nunca se hizo. Ya no era necesario. Un mes más tarde, Juan Ramón estaba trabajando tres días completos por semana, luego cinco y ultimamente una semana entera de seis días.

Luego empezó a guiar algunas caminatas. Al principio andaba como asistente en los grupos que guiabamos Diane y yo, pero aprendió rapido y con poco tiempo estaba guiando sus porpios grupos. Su extrovertida personalidad y su profundo respeto por la selva lo hizo muy popular con los visitantes. Fue el único trabajo que habia conocido donde él mismo pudía disfutar tanto como los clientes que estaban pagando por el servicio. En poco tiempo, se dió cuenta de la gran costumbre de dejar propinas a cambio de un buen servicio, y duplicó sus esfuerzos para dar gusto a los clientes.

Juan y yo notamos que el animal más buscado por los visitantes era el oso perezoso, entonces empezamos a poner en prácica otros métodos para encontrar más animales de esta especie. Rapidamente, la combinación de ojos de aguila de Juan junto con  su instinto natural y el gran respeto por la vida silvestre, lo tenían encontrando más perezosos, tanto los de tres dedos como los de dos, que antes no se imaginaba que era posible. Este talento le ganó el apodo del perezosologo de Hacienda Barú. A la fecha su record es catorce de estos carismaticos mamíferos en una caminata de cinco horas.

Entre más guiaba, más deseo tenia para conocer aún mas sobre la naturaleza. Hacienda Barú patrocinaba varios seminarios para guías naturalistas, invitando empleados de otros proveedores de tours además de los de nosotros. Normalmente contratabamos un guía de primera clase conocido nacionalmente para conducir el seminario. Juan Ramón siempre era un estudiante sobresaliente en estos cursos cortos. En 1994 Hacienda Barú pagó sus gastos para asistir a un seminario patrocinado por Costa Rica Expediciones en Monteverde Lodge, cerca del bosque nublado de Monteverde. Los expositores eran expertos en el turismo ecológico a nivel internacional. Juan considera que esta experiencia es una de las mas importantes en su educación como guía.

Más o menos en el tiempo del seminario de Monteverde, se despertó en Juan  un interés intenso en las aves. Decidió aprender todo lo que pudiera sobre ellas y rapidamente afinó sus abilidades para encontrar e identificar toda clase de pájaros, tanto visualmente como por el oido. Aprendió a identificar la mayor parte de las 350 especies que se encuentran en Hacienda Barú por medió de sus canciones y también por sus caracteristicas fisicas.   Le es profundamente agradecido al ornitólogo Jim Zook, quien fue el primero a instar en Juan un interés por los pájaros y luego le enseño mucho de lo que hoy sabe. Como todos los aficionados de las aves, es dificil encontrar a Juan Ramón sin los binoculares guindando de su cuello.

En las zonas rurales de Costa Rica, la gente normalmente guarda celosamente cualquier conocimiento o talento especial que tienen y nunca se lo enseñan a nadia fuera de la familia. Esta actitud se defiende como necesaria para protegerse de otros trabajadores con pocos escrupulos que pueden serrucharle el piso y quedarse con su trabajo. Juan Ramón nunca ha creido en esa erronea idea, sino que siempre ha compartido sus conocimientos libremente. Esto le ha ganado el respeto y amistad de los colegas y ha asegurado su posición como lider entre los empleados de Hacienda Barú. En sus primeros años como guía influyó mucho a Pedro Porras y Deiner Cascante a quienes les enseñó a respetar profundamente la selva y les impartió la felicidad de enseñar lo que saben sobre la naturaleza tropical a los visitantes. Desde ese tiempo ha compartido generosamente todo lo que conoce con los demas guías quienes han trabajado y continuan laborando aqui.

Otro caracteristica personal que ha contribuido a hacerlo un guía extraordinario es su habilidad de comunicarse con personas que no hablan el Español, no importa el idioma que hablan. Siempre lleva una copía de Aves de Costa Rica y Mamiferos de Costa Rica en Inglés. Cuando encuentra algún ave o animal interesante, se lo enseña al visitante y luego lo busca en el libro. Si el turista quiere, puede leer lo que dice en el libro. Pero su destreza para comunicar es mucho más que mostrar una foto en un libro. Aparenta comunicar en una forma extraña y con todo su ser.

Es dificil de explicar, pero hemos tenido clientes muy dudosos de ir a un tour con un guía que no habla Inglés, y después regresan del tour y correctamente comentan sobre  complicados procesos ecológicos que Juan les ha explicado. Cuando pregunto como hizo para comunicarles un concepto tan complejo, no pueden decir lo con mucha exactitud. Juan nunca sintió en necesidad de aprender otro idioma para comunicar. Tal vez Juan ya no sea muy joven como para aprender un segundo idioma, pero todos sus colegas en Hacienda Barú ya hablan con fluidez el Inglés.

Después de que llegaron a Hacienda Barú, Juan y Didilia tuvieron un hijo más, Deiber. Igual como su mamá la hija mayor Shirley empezó a trabajar en la casa de Jack y Diane Ewing a los quince años. Invertió una gran parte de su salario en cursos de estudio a distancia y tras varios años logró completar los estudios secundarios a la vez que trabajaba. A los dieciocho años pasó a trabajar en la oficina de recepción y hoy es la administradora general de Albergue Hacienda Barú y Hacienda Barú Ecotours. Juan y Didilia financieron el estudio secundario de Jason en el Colegio Técnico Profesional de Matapalo, dandole así una oportunidad que antes no estaba disponible para nadie en la familia. Luego el jóven trabajó en construcción y actualmente trabaja  en Hacienda Barú administrando el restaurante. Deiber estudia en el colegio y trabaja los fines de semana como guía aprendiz en Hacienda Barú. Mauren ayuda a su mama quien trabaja en Cabinas Alma de Hatillo, donde es la ama de llaves. Un sueño de Juan es tener todos sus hijos trabajando a la par de él como empleados de Hacienda Barú.

Aparte de las actividades de sus propios hijos, se ha interesado en el bienestar de la juventud en general,  por ejemplo, organizó un equipo de futbol para niños en Hatillo y esto lo impulsaba a realizar obras de limpieza en las calles de la comunidad. Como parte de su trabajo con la organizacion ambientalista ASANA en el programa de educación ambiental, imparte charlas a grupos de estudiantes sobre diferentes aspectos de ecología, el ambiente y la necesidad de protegerlo.  Ha organizado visitas a escolares para participar en el proyecto de rescate de tortugas marinas en Hacienda Barú. Una vez lo escuché comentar “Tal vez no podemos lograr cambiar los padres, pero podemos educar los futuros lideres comunales desde que están jovenes y abiertos a ideas nuevas.”

Aparte de los deberes de su trabajo, Juan siempre encuentra tiempo para asuntos comunitarios. Hoy en día es presidente de la Asociación Solidarista de Hacienda Barú, tesorero de ASANA, presidente de la Asociación de Administración del Acueducto de Hatillo y Regidor en la Municipalidad de Aguirre en Quepos. No se donde encuentra tiempo para todas estas actividades, pero logra un buen rendimiento en todas, y siempre cumple con su trabajo en Hacienda Barú. Juan Ramón todavía trabaja como guía, pero ahora dedica la mayor parte de su tiempo al manejo de todas la operciones de Hacienda Barú. Es el hombre en el campo que logra realizar las cosas en la manera y el tiempo correcto.

La conservación del bosque húmedo tropical es una prioridad en la vida de Juan Ramón Segura. Me explicó que siente una cercana afinidad con la selva porque le devolvió su salúd en un momento cuando dudaba que algún día regresaría al mismo estado vigoroso y robusto que había conocido antes. Aunque no es religioso, considera que su relación con la naturaleza es espiritual. Me contó que después de que recuperó su salud, tomó la decisión de dedicar su vida al bosque, conservandolo y enseñando a otros a hacer lo mismo. Guiar es su medio principal para lograr ese fin.
 

Hocus y Pocus – Extraños gatos rastreadores

- Por Jack Ewing

El momento que vi los dos gatitos negros entró a mi mente una frase de uno de las novelas del reconocido escritor Robert Heinlein . Hace tantos años que lo leí que no recuerdo el nombre de la novela, pero si recuerdo la frase. En referencia a un tema complejo, dijo que tratar de entenderlo es como “...ir a media noche en una noche sin luna a buscar en un sótano obscuro un gato negro que no está ahí.” Estos dos gatitos eran completamente negros sin ninguna seña de otro color. Hasta los ojos eran negros. Aparte de su extremo color, siempre habia un aire de misterio alrededor de ellos. No caminaban como gatos normales, sino caminaban agachados como si iban rastreando o como si anduvieran cazando algo constantamente. Aparte de ronronear no hicieron ningún sonido, nunca rascaron los muebles con sus garras, nunca se metieron debajo de los pies de las personas, y no se metieron en lios de ninguna clase. Siembre tenian un aspecto extraño. Les pusimos los nombres Hocus y Pocus como de los magos.

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Autor y naturalista Jack Ewing comparte una gran cantidad de observaciones y experiencias, se reunieron más de tres décadas de la vida en el suroeste de Costa Rica, el hogar de algunos de los ecosistemas más prolíficos y variados de la Tierra.
Más que una simple colección de ensayos, los monos son de chocolate es un testimonio de la maravilla de la vida en todas sus formas innumerables, vista a través de los ojos de un hombre con un don de discernimiento sutil y un don natural para contar historias.

Capuchin Capers

The troop of 26 monkeys was strung out over about 100 meters, moving through the forest. The lead monkey, a mature female, came to an area where the tree cover was broken by an open swamp with only a narrow corridor two trees wide going around it.

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Nuestra tienda de regalos es bien conocida en la zona por tener una gran variedad de regalos. No sólo va a encontrar camisetas, hamacas y joyería. Nuestra política es comprar (en lo posible) de los artesanos locales que trabajan con materiales locales de un recurso sostenible.
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